miércoles 4 de agosto de 2010

Vientos de guerra

« –En mi país tenemos un proverbio –dijo Telamón–: “El heroísmo produce bellos cantos pero una sopa magra”. Lo que significa que uno debe mantenerse a distancia de los héroes. Su moneda es la pasión. León ha elegido bien un héroe en Alcibíades, pues es un personaje que emana pasión y al tiempo la inspira. Acabará mal.

León le rogó que se explicara mejor.

–En Arcadia no construimos ciudades, no nos gusta. La ciudad es un semillero de pasiones y héroes. ¿Dónde encontraríamos a un hombre de ciudad más consumado que Alcibíades?

–¿Nos estás diciendo, Telamón, que el heroísmo no tiene sentido para ti, para un soldado profesional?

–A los héroes se les reconoce por sus tumbas.

Protesté por aquello. ¡El mismo Telamón era un héroe!

–Confundes la prudencia con el valor, Pommo. Yo combato en primera línea porque me parece el lugar más seguro. Si lucho para vencer, la verdad… los muertos no forman fila para recibir la paga. (…)

–Ella sí depertará tu pasión –insistió León.

–Me sirvo del dinero pero jamás permito que él se sirva de mí. El servicio por la paga te sitúa lejos del objetivo de los deseos del jefe. Ésta es la adecuada utilización del dinero; convierte en virtud el servicio prestado en su honor. El amor por el propio país o la gloria, por otra parte, une al guerrero al objeto de su deseo. Y así se convierte en vicio. El patriota y el bobo sirven sin esperar que se les pague.

–El patriota lo hace por amor a su país –apuntó León.

–Porque se ama a sí mismo. ¿Qué es el país sino el reflejo multiplicado de uno mismo? ¿No es eso acaso vanidad? (…)

–¿Y es un vicio el amor a la patria?

–No tanto un vicio como una locura.»


Vientos de guerra - Steven Pressfield