
Hace cuatro años, en un concierto casi entre amigos, en el peculiar frontón de Villamediana, viví uno de esos momentos que no se olvidan nunca. Fue la primera vez que vi salir a Joaquín Sabina a un escenario. Entre los acordes de 'Aves de paso', el genio de Úbeda se presentó por primera vez ante mis ojos. Reconozco que soy alguien que suele escapar de los mitos y 'estrellas' que alumbran nuestra sociedad, pero Sabina rompe mis esquemas. Ese concierto fue inolvidable y pensaba que irrepetible.
Pero con más de 60 años, Sabina volvió a La Rioja. Esta vez en la plaza de toros de Logroño, un escenario más acorde con su grandeza, donde poder preparar un concierto más elaborado. Era la segunda vez que lo veía aparecer sobre un escenario, pero no pude reprimir una sensación de agradecimiento, de entrega hacia alguien que ha marcado mi vida y mi manera de pensar. Uno de nuestros grandes poetas.
Posiblemente nadie salió plenamente satisfecho con el concierto, el repertorio de Sabina es tan amplio que siempre falla alguna. Yo eché de menos 'A la orilla de la chimenea', 'Más de cien mentiras' o 'Calle Melancolía'. Pero no lo cambio por nada, por esas dos horas y media en la que presencie algo que quedará me grabado para siempre. Me emocioné con 'Amor se llama el juego', reflexioné sobre 'Pastillas para no soñar', me deje la voz en 'Pacto entre caballeros' y vibre con 'Princesa'.
Dicen que es su última gira, que abandonará los escenarios. Pero me quedo la sensación de que a Sabina le costará bajarse. De que el fin del mundo le pillará bailando.
1 comentarios:
Un grande entre los grandes... Maestro de la palabra, genio y figura... Yo también creo que es un hasta luego, no un adios
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