
Un nuevo circo está montado. El payaso, José Eugenio Arias, dueño del famoso asador de Marbella que se declaró insumiso contra la ley del tabaco. La multa y cierre de su negocio le ha llevado a la primera página informativa. Una oportunidad más de comprobar la bajeza de una sociedad en la que muchos ya han convertido a este señor en un héroe. Pero como suele ocurrir en estos casos, la causa queda en un segundo plano y el personaje se retrata.
Porque el hostelero en cuestión es ahora vitoreado por aquí y allá y posiblemente en poco tiempo intervenga en las tertulias de un canal que todos sabemos. Es un nuevo cruzado en nuestra sociedad. Escucharle no tiene desperdicio.
Comienza asegurando, como hacen otros, que los negocios de hostelería han reducido sus ingresos en casi un 40%. Vaya, que no sólo han dejado de ir a los bares todos los fumadores, sino que muchos que no lo son tampoco van ahora. Y como no podía ser de otra manera, este adalid de las libertades aprovecha para calificar la ley como dictatorial. De nuevo, el tan utilizado argumento del prohibicionismo. Pues nada, yo también me voy a declarar insumiso y conducir a 120 km/h por mitad de Logroño porque considero que la limitación de velocidad restringe mis derechos fundamentales, que para eso pago mis impuestos de circulación. Podré, además, poner música en mi habitación a 150 decibelios a las cinco de la madrugada y que no se me quejen los vecinos. ¡Prohibicionistas!
Hace unas semanas me sorprendía Justo García Turza, el cura de La Rioja, que aprovechaba su tribuna semanal, una vez más, para meterle un palo al Gobierno. Tras una emotiva historia de puros y partidas de mus, comenzaba a disertar sobre libertades corrompidas y prohibiciones mezclando tabaco, crucifijos y descargas de internet (?). Podría García Turza, miembro de la Iglesia, recordar ese refrán que habla de aquel que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Pero volvamos al hostelero, un tipo fanfarrón y campechano que se enorgullece de su discurso y de su campaña contra la ley. Y contra el Gobierno. Asegura que su reivindicación no tiene tono político, mientras denuncia que los socialistas le utilizan (¿alguien ha hablado de él?) para tapar temas como el juicio de Otegui, la financiación de las Comunidades o «la miseria profunda en la que han sumido a España».
La actitud de este personaje resultaba al principio curiosa, después tozuda y ahora vergonzante. Muchos le ríen las gracias, otros le creen y siguen como a un nuevo mesías. Pero es un nuevo ejemplo de lo que genera nuestra sociedad. Un tipo peligroso. Utiliza a Santiago Carrillo, nonagenario y fumador, como muestra de que el tabaco no es perjudicial. Convencido, asegura: «El tabaco no mata. Pajín miente». No estaría mal que alguien pasase a este señor datos y estadísticas sobre el cáncer de pulmón o, mucho mejor, que cualquiera que haya perdido a un ser querido por esta causa le recordase que está hablando de un tema serio.
Señores, tenemos un nuevo héroe popular.
5 comentarios:
Unai
Escribes de puta madre Sergio. Te leo siempre.
Muchas gracias Unai, un placer. Seguro que tu también integras muy bien, jeje. Un abrazo
Este tipo tenía que fumarse todos los cigarros del mundo del tirón dentro de su bar, que caiga rápido y uno menos...en fin, valiente hp.
Hola Sergio en primer lugar felicitarte por el gran blg que tienes. Me sorprende gratamente lo bien que te expresas aunque no este de acuerdo en la forma que ves algunos temas. Sobre este teme te queria hacer una pregunta no crees que en la coyuntura economica en la que se encuentra el pais, este no es el mejor momento para una ley como esta. Yo soy desgraciadamente soy fumador y sinceramente me parece bien esta ley pero creo que no es el mejor momento para plantearla no crees....
¡Qué agradable sorpresa! Efectivamente, puede que no haya sido el momento oportuno. Puede. Creo que aquellos que atacan la ley deberían hacerlo por esa vía, pero los mensajes que llegan son otros. Es un ley que había que hacer, que seguramente se ha estudiado y trabajado mucho y no han querido frenar.
De todas formas, soy de la opinión de que se presentan cifras exageradas en torno a las pérdidas de los bares. No trago con datos que superen el 10%, por cuestiones matemáticas y de lógica, simplemente. Es resumen, no era el momento más adecuado, pero tampoco creo que la incidencia económica sea tan grande como la pintan algunos. Un abrazo!!
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